Me mudo. Ya no soy, ya no podré ser un ocioso guerrero. Traté de verlo de modo distinto, de cambiar mi nombre, de buscar en la regla, en la excepción, en lo poco, mucho y nada concreto, de matarlos y revivirme - en la risa, de buscarme problemas y creerme libre de ellos, de exponerme, cifrarme, enmascararme, parodiarme, y a ustedes, en fin... Todo fracasó, finalizó, se cierra.
Mis disculpas también son totales. Para los que no quise comprender, para los que debí agradecerles, para los que debieron por mí y perjudiqué. Para los que omitieron y los que amenazaron. Mis agradecimientos no son secretos, pero verbalizarlos sería seguirme quedando aquí; zanjo de este modo que los que por aquí pasaron, los críticos, los comentadores, los amigos blogueros, los amigos más allá de los bytes y los enemigos enmascarados, toda esta red/ventana, para ellos, para ustedes, fue esto, este espectáculo de lo brillante y violento, lo más brillante que en relación haya surgido, lo más violentamente real que haya podido calar en la memoria, y el compromiso que demostré y demostramos en armar algo que ¿embelleció la vida? Nadie lo sabe.
Y en un recuento general, queda futuro. Me mudo. Empieza otro ciclo. Qué sé yo. Fin. Lo que aquí dejo, permanecerá nunca se sabe hasta cuándo, como velita prendida para lo que fue todo esto. Que yo no soy supersticioso, pero es mejor andar precavido.
A ver si nos encontramos allá.